Regreso al pasado (0-0)

Córdoba-Espanyol · la crónica

Con una versión más rocosa, el CCF recupera sensaciones y suma un nuevo punto en un partido al que le faltó el gol. Sigue colista, pero demostró que puede competir con cualquiera.

Foto: José Martínez
Foto: José Martínez
Cisco López

28 de septiembre 2014 - 22:50

El camino que había cogido el CCF en las últimas citas estaba totalmente torcida. Había que virar para reconducir la situación. Y Ferrer lo hizo volviendo al pasado. El técnico se apuntó a la versión de la temporada anterior y el equipo recuperó sensaciones para sumar un nuevo punto que, aunque no lo sacan de la zona de descenso ni del farolillo rojo, sí le permiten mirar al futuro con optimismo y con la confianza de que puede competir de tú a tú ante cualquier rival. Sólo la guinda del gol, ese handicap que le persigue, evitó un triunfo que hubiera supuesto un subidón mayor al que ya otorga el hecho de haber dejado la portería a cero por primera vez. Por algo se empieza.

La mala imagen dada la última semana, aunque fuera ante dos equipos que pelearán sí o sí por entrar en Liga de Campeones, obligaba a un cambio. No sólo futbolístico, sino principalmente de actitud. Una condición que te permite mirar a la cara a cualquier rival, sobre todo si es de tu misma liga como este Espanyol, con más nombres que fútbol, pero eso sí, con las ideas tremendamente claras. Si se igualaba eso, el partido estaba abierto. Y así fue.

Ferrer buscó ese ansiado equilibrio manteniendo la apuesta por un trivote con Rossi haciendo de enganche, aunque esta vez por detrás estaban Luso y Ekeng. Músculo por calidad. Parecía claro que el estilo iba a ser otro, más parecido al que condujo al éxito la pasada temporada. Ninguna complicación cerca del área propia, juego directo buscando a Ghilas como primer argumento y, cuando tocaba jugar por abajo, volcado a la derecha aprovechando el desequilibrio de Cartabia y el agujero defensivo que provocaba la ubicación de Salva Sevilla.

Con dos equipos más pendientes de su portería que de la contraria, el espectáculo y el juego brillaron por su ausencia. Partido de perros, de esos que corresponden a equipos que no tienen súper estrellas que decidan por sí solos. Aquí se gana por intensidad, por bemoles. Algo de lo que había adolecido el CCF en Mestalla y que ya mostró de inicio. Muy serio, sin complicarse la vida lo más mínimo, lanzando arriba ante el menor agobio. Pero el problema seguía siendo el mismo: el último pase, la definición. La pegada, a fin de cuentas. Ghilas, mucho más móvil, lo probó con un testarazo muy desviado a la salida de una de las muchas faltas laterales de las que dispuso el equipo, y que evidenciaron que hay que dar un paso más en la preparación de la estrategia, arma definitiva para abrir encuentros marcados por la igualdad.

Sin llegar a dominar con claridad, la apuesta le servía al Córdoba para llegar más que su enemigo, para ganar a los puntos. Aunque eso, como es lógico, no se traduce en el marcador. Pero tras las últimas debacles, por algún lado hay que empezar. Ekeng quiso cambiar el decorado con un disparo lejano, argumento rara vez utilizado por los de Ferrer, pero no encontró portería. Como tampoco encontró rematador un envío de Gunino desde la línea de fondo tras haber dejado atrás a Fuentes.

El primer cuarto de partido había dibujado a un equipo totalmente distinto, sobre todo en materia defensiva, aunque también es verdad que el Espanyol ofreció muy poco. Ahora faltaba el gol que hiciera aparecer el paraíso. Ghilas casi lo encuentra con una vaselina desviada tras una pérdida de Víctor Sánchez ante Luso. Fue el último intento claro antes del descanso. Porque el Espanyol se puso el mono de faena y empezó a tirar del mismo carácter para equilibrar fuerzas. Incluso teniendo llegadas más o menos claras, como un remate mal dirigido de Colotto -estaba en fuera de juego- que Gunino casi hace bueno y un libre directo de Víctor Sánchez que murió manso en poder de Juan Carlos.

La sensación que dejó el primer periodo es que el CCF había mejorado, pero que aún necesitaba un plus para poder dar una alegría completa. Y ese puntito que faltaba se lo debió dar Ferrer en el vestuario, porque el equipo salió en el segundo tiempo como una moto. Todo lo bueno que había ofrecido -intensidad, actitud, compromiso, entrega, velocidad-, multiplicado. Y así consiguió casi encerrar por unos momentos al Espanyol en su parcela. Acoso sin derribo por falta de remate. Por ausencia de ese último pase que ni Gunino, ni Borja, ni Cartabia pudieron dar para que Ghilas encontrara el premio.

Pero el Espanyol no es manco tampoco. Y después de que Sergio González tratará de cerrar las vías de agua retirando a Salva Sevilla -se fue pitado, por aquella afrenta de irse al Betis cuando estaba firmado por los blanquiverdes años atrás- para reforzar la medular con un lateral como Mattioni, asustó de lo lindo. Lucas Vázquez, ya por la izquierda, hizo un traje a la zaga, pero quiso ser generoso y con todo a su favor perdió la ocasión por buscar a Stuani.

La ocasión no mermó los ánimos locales, ni mucho menos. Entre otras cosas porque la afición empujaba a tope, contagiando a los suyos. Más cuando Cartabia obligó a lucirse a Casilla con un libre directo y un incisivo Ghilas trató de sacar provecho, sin éxito, de un par de balones sueltos en el área. Viendo que con lo expuesto no era suficiente, Ferrer tiró de Fidel para colocar a Borja por dentro y dibujar una mediapunta más ofensiva en los 20 minutos finales. Aunque al madrileño no se le pudo ver siquiera porque acto seguido dejó su sitio a Xisco.

Era ya un todo o nada, aunque dejando las locuras para otras cosas. El equipo mantenía el orden y apretaba a un rival que, será por los disgustos pasados, dejaba una sensación de inquietud cuando salía de la cueva. De hecho, en una de esas llegadas sacó un córner que culminó, tras un mal despeje, Colotto con una volea que hizo a Juan Carlos sacar lo mejor de sí para evitar el gol. Desde ahí, el Espanyol marcó el ritmo, frenando sin importar cómo las salidas de un CCF que terminó volcado sobre el área catalana, pero como en todo el encuentro, sin encontrar el camino de la red de Kiko Casilla.

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