Se acabó la paciencia (0-0)
Córdoba - Deportivo La Coruña
Bronca final a un CCF incapaz de imponerse a un rival que estuvo una hora en inferioridad numérica. El equipo de Djukic, plano y sin ideas, tuvo su mejor ocasión en un penalti errado.

Pitos y bronca. La voz del cordobesismo como punto y final a la enésima decepción del Córdoba en su feudo. Un equipo que fue incapaz de estrenar su casillero de triunfos ante un rival que estuvo más de una hora en inferioridad numérica. Y quizás eso es lo que duele más, lo que refleja de la peor manera posible la impotencia de un grupo que todavía no se ha adaptado a la que hasta mayo será su hábitat, independientemente de lo que ahora dice una clasificación que más vale no mirar. Aunque más lamentables son las sensaciones. Y eso que el conjunto de Djukic, como no podía ser de otra forma, tuvo el balón y jugó en campo contrario tras los sustos iniciales, pero es como si lo hubiera tenido un niño en su poder. Inofensivo a más no poder. Incapacitado para poner en verdaderos aprietos a Fabricio, que aún así resultó clave al detener un penalti a Fede Cartabia antes de que el decorado del principio se quebrara. En aquel momento, nadie podía imaginar que el escenario tras la pelea fuera de pitada y malestar de un hinchada que ya ha agotado la paciencia.
Djukic dejó a un lado el disfraz de descarado y apostó de nuevo por un estilo más galante, buscando el roneo como arma seductora. Pero enfrente se encontró con una dama con hechuras. El Deportivo, demostró ya de salida ser un equipo más compacto, más hecho, que el CCF. Salieron los gallegos a morder desde el inicio, obligando a Juan Carlos a intervenir ya en el minuto 4 para despejar el peligro tras una acción de pizarra que contó, como casi siempre, con la colaboración de la defensa. Teniendo a un hombre como Medunjanin, quedaba claro que una de las principales armas visitantes iba a ser la pelota parada. Sidnei lo intentó con un cabezazo picado, blando, a la salida de un córner.
La esperada salida en tromba de un equipo que se juega la vida había caído en saco roto desde el pitido inicial, controlada por el mejor posicionamiento del rival. Sin embargo, no tardaría mucho en cambiar el decorado del encuentro, si bien no todo lo que el cordobesismo hubiera deseado.Tras una internada con disparo desviado de Cartabia, un golpe franco botado por el propio Fede originó un penalti de Postiga a Pinillos. El argentino, tras dialogar un buen rato con Ghilas, tomó la iniciativa, pero su disparo a la derecha de Fabricio encontró las manos del arquero.
La primera oportunidad para golpear se desvanecía. Pero iba a haber más. Cuando el Deportivo ya había dado muestras de que ni siquiera ese primer contratiempo lo iba a descomponer, Mateu Lahoz mandó a la caseta a Postiga en un encontronazo con Íñigo López que saldó con doble amarilla, pero el portugués ya tenía una del penalti. No se había cumplido ni la media hora de juego y el Córdoba se daba de bruces con una ocasión que ni pintada para sumar su primera victoria de la temporada. Sin embargo, el conjunto de Djukic fue incapaz, antes del intermedio, de sacarle siquiera un beso a su pareja de baile. Ni una sola llegada clara, ni una sola ocasión. Todo por culpa de un juego planísimo y previsible en el que sólo los zigzagueosde Cartabia y Rossi, y sobre todo, las apariciones de Ghilas rompían con la igualdad pactada y dibujaban un horizonte con cierto optimismo.

Djukic, en la banda, debió ver un partido similar y no esperó a gastar su segunda bala -tras la obligada por la lesión de Crespo- con Borja García. La situación del CCF obligaba a dar un paso al frente, y más ante un rival en inferioridad numérica. Abel y Rossi quedaron como mediocentros y el madrileño se colocó por delante para dar más auxilio a Ghilas. Con el guión reescrito, la precipitación -como ejemplo basta un tiro de Cartabia desde la esquina a la grada- pasaba a convertirse en un enemigo más. Hacía falta paciencia, y a espuertas, ante un rival encerrado en campo propio y aferrado a una contra para inquietar.
Los jugadores entendieron poco a poco el mensaje. Y la afición, que se enganchó como nunca tras un gol bien anulado a López Silva y un cabezazo de Borja García que acarició el poste de Fabricio. El acoso era cada vez más intenso sobre la portería gallega, aunque se vio frenado por las dudas que transmitió, en dos arreones consecutivos de los visitantes, Juan Carlos al atajar un par de balones. Un susto que, vistos los precedentes, no gustó a nadie, pero con el que está visto que hay que saber convivir.
Viendo que la fase de roneo no daba sus frutos, ni siquiera en esa fase cansina de acoso y derribo, Djukic jugó a ganador y tiró del remedio de anteriores citas. Xisco entró por un desdibujado López Silva y se colocó junto a Ghilas para aumentar las opciones de remate, lo que seguía faltando para matar a un rival cómodo con el rol que le tocaba vivir, cerquita de su portería. Un Deportivo al que Víctor Fernández trató de dar aire con la entrada de José Rodríguez y Juan Domínguez, dos hombres para tener más posesión tras el robo.
Con Fede Cartabia haciendo la guerra por su cuenta y perjudicando más que beneficiando al grupo, el encuentro entró en el último cuarto de hora tal y como empezó. Ni siquiera la entrada de Xisco dio más remate a un CCF al que le sigue faltando acierto y buena ejecución en el último pase y del que se fue apoderando la ansiedad con el avance de los minutos, dejando una sensación de impotencia difícil de digerir. Van sólo once jornadas, pero las sensaciones son muy malas y la paciencia ya está al límite.
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