Huevos para el menú (3-2)
A falta de regularidad en un juego que por momentos fue notable, el Córdoba tira de coraje para enlazar su tercer triunfo seguido y seguir en puestos de ascenso directo. El Numancia, digno rival.

Quizás no sea el plato más apetecible del mundo, pero ¿a quién no le da un placer enorme comerse un par de huevos fritos, con sus ajos, con chorizo, lomo o morcilla, y un buen pan de pueblo? Está claro que ese menú no es apto para todos los días, pues la patada a eso tan de moda como es la dieta saludable es de consideración. Sin embargo, para cuando vienen las prisas y hay que salir del paso para seguir con los quehaceres de la jornada, viene que ni pintado. Porque, al final, es un alimento tan rico como otro, que tiene sus detractores y también vive con defensores a los que eso del caviar de beluga como que ya lo tira para atrás sólo con el nombre. Entre otras cosas porque en algunos lugares no saben ni qué es el beluga, básicamente porque durante muchos años se han visto obligados a vivir con lo justo, quitando de un lado para poner en otro. Incluso cuando ha habido lugar para ir a un banquete, el tiempo se ha puesto tan feo que ni ha sido aprovechado. Es por eso que ahora, teniendo cada semana un buen plato que llevarse a la boca, todos tan contentos. Ya habrá tiempo para ir a la carta. Hoy, es lo que hay. Y más vale verle lo positivo.
Es lo que semana tras semana pide Oltra ante el altavoz de los medios. Razón no le falta al cocinero de este Córdoba que marcha embalado. ¿Que tiene margen de mejora? ¿Que puede jugar mejor? Seguro que sí. De ahí quizás que tenga hasta más valor lo hecho, que no es poco. Porque sin haber siquiera divisado su cenit, el conjunto blanquiverde enlazó ayer ante un Numancia que llegó invicto y se fue con las orejas gachas su tercera victoria consecutiva, con la que alarga a seis su serie de partidos sin perder para seguir en puestos de ascenso directo. Esta vez tocó ponerse el traje de faena, tirar de casta y coraje -sí, aquí también hay de eso, por mucho que la cantinela se la tenga apropiada unos kilómetros más Guadalquivir abajo- para dejar los tres puntos en casa en un partido en el que también hubo lugar para el buen fútbol. Lástima de que no tuviera continuidad lo ofrecido por el equipo tras verse por debajo en el marcador, cuando empujado por casi 20.000 almas -los tornos dijeron muchos menos-fue capaz de firmar una media hora notable que le permitió remontar antes de tomar los vestuarios con dos goles plenos de fuerza y no exentos de calidad, uno en el origen, el otro en el remate. Luego, en la segunda mitad el equipo se minimizó tras el empate y esta vez sólo le quedó tirar de testiculina y saber estar para dar un tercer golpe ya letal y aguantar las últimas acometidas de un dignísimo rival. Pues el Numancia pareció un equipo serio, bien trabajado, y eso da más valor a esta serie que arrancó en Zaragoza y no se truncó ni en Pamplona ni en Lugo... ¿Que tendrá que romperse alguna vez? Ténganlo en cuenta, pero para entonces todo lo que haya en el zurrón será ya inamovible.
Era día de partido grande, y como tal empezó. El balón llegaba pronto a las áreas. Y pronto se rompió, tras un penalti claro de Rodas que Óscar Díaz hizo bueno para quitarse el mal sabor de boca de su fallo de la pasada semana en San Mamés. El gol dejó tocado al Córdoba, que poco a poco fue dando pasos hacia adelante hasta pasar a controlar la situación. Avisó Florin del hambre acumulada que traía tras su periplo internacional con un cabezazo que no encontró puerta. Con pocos espacios, el cuadro local esta vez no se impacientó y optó por el toque corto y la salida en superioridad por los costados, especialmente el diestro, dejando a un lado el habitual pelotazo. De una de esas llegadas llegó una clarísima de Xisco que abortó a bocajarro Munir, si bien antes de que el balear tuviera tiempo de lamentarse ya tenía otra tras una genialidad de Fidel que luego hizo buena Pedro Ríos. El empate era merecido, pero ahí no quedó la cosa. Markovic probó de nuevo a Munir tras otra buena acción de un participativo Ríos, que poco después tiró de orgullo para ganar una pelota a su par y contagiar la acción a Florin, que sacó petróleo en forma de gol al robar la cartera a Orfila. Habrá quien juegue mejor, pero a eso, a espíritu y testiculina, pocos tienen el nivel de los de Oltra ahora. Y con eso, hay veces que basta para desatascar partidos, como el de ayer, que pudo quedar resuelto de no anular, bien, el colegiado un gol a Xisco.
Sin embargo, todo lo bueno que había ofrecido el Córdoba en esa fase del primer tiempo, como si fuera esa espuma que ahora tanto se lleva en los platos de los restaurantes modernitos, se diluyó de un soplido. Esta vez fue un fallo de Razak el que permitió el empate e instaló de nuevo el estado de nerviosismo en el equipo de Oltra. El balón ya quemaba y poco a poco se jugaba más en campo propio. De hecho, una falta de entendimiento de Cisma con el portero casi cuesta el tercero... o la lesión del ghanés, que aguantó a duras penas. Acto seguido el Numancia tuvo otra de Díaz, lo que hizo que el técnico cordobesista reforzara la medular con Gálvez. Fuera Markovic, en una clara declaración de intenciones. Ya no había que tocar, tocaba blindarse y salir rápido con los cuatro de arriba, que solitos se lo guisan. Con todo, no hubo lugar a ello, pues una falta ejecutada a la perfección por Ríos dio a Florin la ocasión de firmar el doblete y hacer estallar El Arcángel. Quedaba poco menos de 20 minutos, pero el estadio se encendió, el equipo se agarró a los suyos y tiró de saber estar y corazón para no hundirse y mantener a flote la cabeza. No dejó huecos a su oponente y asustó con alguna contra. Así ganó, una vez más. A la espera del caviar, tiró del típico par de huevos. Y le sentó de maravilla. Como a todos.
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