Cruz Gutiérrez revisa en un ensayo los inicios del flamenco en Córdoba

El investigador refleja en un libro publicado por El Páramo los principales hitos en la configuración de la afición flamenca en la ciudad, que recibió en las décadas finales del siglo XIX a Silverio y otros grandes artistas

El cuadro de Julio Romero de Torres 'Alegrías' es la imagen de la portada del libro.
El cuadro de Julio Romero de Torres 'Alegrías' es la imagen de la portada del libro.
Alfredo Asensi / Córdoba

10 de febrero 2010 - 05:00

Guiado por las crónicas periodísticas de la época, José Cruz Gutiérrez ofrece en un libro publicado por la editorial El Páramo un recorrido por los inicios del flamenco en Córdoba. El cronista del Real Círculo de la Amistad, que ha desarrollado investigaciones sobre distintos aspectos de la historia de la ciudad, pasea por los cafés cantantes de finales del siglo XIX para dar testimonio de la acogida que tuvieron en Córdoba las primeras figuras relevantes de este arte.

En el flamenco, observa Cruz, "hay un antes y un después de Silverio Franconetti", que constituyó el "motor" para su "puesta en marcha" en Córdoba. El sevillano ofreció su primera actuación en la ciudad (en el Teatro Moratín) en agosto de 1866, dos años después de su vuelta a España tras su periodo americano, en el contexto de una gira por las ciudades andaluzas para difundir sus cantes. Volvería a actuar, ya con su compañía y contratado por seis funciones, en 1871. Fue en el café cantante del Recreo (ubicado en la calle hoy llamada María Cristina) y Córdoba ya se postulaba como una "gran receptora del cante en sus tiempos de más fulgor".

Cruz Gutiérrez registra también en La Córdoba flamenca (1866-1900), que será presentado hoy a partir de las 19:00 en la Facultad de Relaciones Laborales, la irrupción y consolidación del término flamenco en la ciudad. La primera fuente en que aparece es una información sobre una actuación del mulato Meric publicada en el Diario de Córdoba el 24 de mayo de 1879. El artista "cantará y bailará a lo flamenco". No obstante, la palabra no empezará a calar hasta 1878. De hecho, en 1874 la compañía de Silverio, que actuó en el café cantante La Iberia, todavía era considerada "de cantes andaluces".

En esta época no surgieron en Córdoba artistas profesionales. Pero muy cerca, en Lucena, nació "el guitarrista más grande del siglo XIX": Paco el de Lucena, que ofreció el primer concierto de guitarra flamenca en Córdoba, el 16 de marzo de 1879. "El café del Gran Capitán", escribe el investigador, "se llenó a tope" para presenciar una actuación "cuyos beneficios lo iban a redimir del servicio militar".

"Por Córdoba pasaron todos los grandes del flamenco de la época", señala Cruz, que incorpora en su estudio un censo en el que aparecen, entre otros, los nombres de los cantaores Manuel Caro Cuéllar Carito, Rafael Clemente, Manuel Reina Canario Chico, Juan Breva y Francisco Hidalgo El Sevillano; las cantaoras Paca Lara y Juana Ruca; los bailaores Antonio El Pintor y José Jiménez El Negro de Rota, las bailaoras Juana La Colorá, Dolores La Filigrana, Antonia Gallardo La Coquinera y Concha Rodríguez La Carbonera; y los guitarristas Juan Martínez Niño de Morón, Francisco Sánchez Cantero Paco el Barbero y Víctor Rojas. A ellos hay que sumar otro grande de la historia del flamenco, Don Antonio Chacón, que hizo su debut en Córdoba el 1 de marzo de 1891. "Chacón, al igual que Silverio, formó el alboroto en aquella Córdoba finisecular, pero el tranco crepuscular de la dorada época del cante y sus cafés cantantes no había hecho nada más que comenzar", apunta Cruz, que explica que en los años 90 el flamenco fue decayendo, "por causas de difícil enmienda, paro obrero y sus secuelas de miseria, y por el modernismo reinante, que creaba y propiciaba otro tipo de espectáculos".

"El último resplandor del flamenco en Córdoba" en este periodo histórico fue la actuación de Manuel Reina Canario Chico en el Teatro Circo del Gran Capitán, el 17 de julio de 1897.

A modo de epílogo, Cruz Gutiérrez aporta algunos datos sobre la vida flamenca de la ciudad en las dos primeras décadas del siglo XX, marcada por las visitas de Don Antonio Chacón, La Argentinita y las dos Pastoras: Imperio y La Niña de los Peines.

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