Ricardo Vera

¿POR QUÉ UN ABOGADO?

La tribuna

27 de diciembre 2013 - 01:00

CUENTAN en Estados Unidos un chiste que ha aparecido en fantásticas escenas de estupendas películas, como la del ascensor del Hospital en Philadelphia, cuando la amistad ya ha brotado para siempre entre los dos letrados protagonistas, que es corto y contundente: "¿Qué son mil abogados atados a una piedra en el fondo del mar? -¡Un buen comienzo!". Nuestro país, en cambio, es más dado a vincular la totalidad del teórico reparto de una vaca en disputa al abogado que defiende el interés de sus clientes. Bromas aparte, que siempre son buenas para aliviar de vez en cuando la seriedad que requiere el oficio, hay un asunto claro al que damos respuesta: el abogado -los abogados- es -somos- una pieza importante del engranaje que tenemos para hacer justicia.

Desde hace tres meses, venimos escribiendo esta Tribuna en El Día de Córdoba. Con ella intentamos aportar algunas claves sobre cuestiones que pueden afectar a las personas particulares, a las empresas, a las administraciones y a los ciudadanos, en su relación con la Administración. Hemos pretendido estar pegados a la realidad cotidiana y utilizr un lenguaje claro para que lo que hemos escrito resulte útil, resuelva dudas y suscite nuevas alternativas para afrontar mejor los problemas que surgen con una frecuencia creciente. Hemos compartido nuestras reflexiones a propósito de la internacionalización de empresas, cada vez más presente en todos los sectores económicos; hemos descrito las oportunidades que ofrecen las Sociedades Anónimas Cotizadas de Inversión en el Mercado Inmobiliario, que pueden dinamizar una parcela castigada de nuestra economía; hemos analizado también las posibilidades de defensa ante las llamadas preferentes, que han perjudicado a tantas personas; hemos advertido sobre algunas prácticas irresponsables en la compraventa de empresas; hemos tratado la revisión de las ordenanzas fiscales, desde la óptica de la Administración y también desde la del administrado; nos hemos acercado a la problemática concreta de la mala praxis bancaria, en relación con quienes adquirieron acciones en plena vorágine; hemos escrito sobre urbanismo en Andalucía, reflexionando sobre las entidades urbanísticas de colaboración; y nos hemos aproximado a la preocupación de muchas madres y padres que han roto su matrimonio, pero quieren preservar lo mejor de ellos mismos para sus hijos, analizando la patria potestad y la custodia compartida. Temas variados para personas muy distintas, que enfocan nuestra concepción de la práctica del Derecho: multidisciplinar, para las necesidades del cliente; especializado en la atención jurídica, prestada por los profesionales de nuestra firma; y, por encima de todo, orientado hacia los ejes que son nuestra referencia: las personas, las empresas, las administraciones y, todo ello, con el impulso de un despacho global, fuertemente anclado en Andalucía.

El tiempo que llevamos compartido desde estas páginas ha coincidido con el impulso que Martínez-Echevarría, Pérez y Ferrero, Abogados ha decidido darse también en Córdoba. Nuestra presencia en Córdoba no es nueva, pero nuestros esfuerzos han vuelto a hacerse más intensos en 2013, ampliando nuestro equipo para dar un mejor servicio. Nuestro objetivo sigue siendo el mismo: operar en la práctica jurídica con un estándar de calidad que persigue la excelencia, ofreciendo al mismo tiempo una posición muy competitiva.

Las razones para elegir un abogado son tan variadas como cuantas personas se lo planteen. En cambio, las necesidades objetivas para tener un abogado son las que nosotros queremos cubrir. En ocasiones, puede temerse el recurso a un abogado porque lo liguemos a la existencia de un problema que tenemos que resolver: problema y abogado aparecen tan unidos que se nos hace difícil distinguir entre ambos. Desde nuestra visión del Derecho, nos proponemos disponer motivos para elegir de forma que todos puedan tener cubiertas sus necesidades jurídicas, bien armadas y protegidas, para evitar en la medida de lo posible los problemas y, por supuesto, si -a nuestro pesar- llegan, darles una solución rigurosa, eficaz y ágil. Si ésas son las razones para tener abogado, nos esforzaremos en demostrarlo a diario.

Cerramos este año con la satisfacción del trabajo hecho y con la convicción de fundar la esperanza del siguiente en aumentar aún más el esfuerzo en cada asunto que tratemos. Queremos agradecer a El Día la oportunidad que nos brindó para abrir una ventana más desde esta Tribuna y desear a todos sus lectores lo mejor para el 2014, con quien sea que lo busquen y donde quiera que lo encuentren. Si en ese camino nos cruzamos, compartiremos con ellos sus esfuerzos.

Me permitirán que reserve un último apunte para los colegas con quienes comparto mi vida profesional. Para cualquier abogado sería un honor desarrollar su labor con el equipo profesional en el que tengo el lujo de participar. Volviendo al principio de este artículo, no deseo que nadie me ate en el fondo del mar pero, si tuviera que ser así, mi elección serían ellos, porque estoy seguro que en poco tiempo estaríamos en la superficie a pleno pulmón. Lo que hemos hecho queda terminado y lo que está por venir depende de nosotros. Compartimos el deseo de que el año venidero traiga cumplidas satisfacciones para todos los esfuerzos y la felicidad que deseamos sinceramente alcance todo el éxito que merece. Es de justicia que pedimos a 27 de diciembre de 2013.

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