
Vía Augusta
Alberto Grimaldi
Insostenible
La tribuna
NO tema, no le voy a contar una despedida de soltero de cuarentones a lo Resacón en Las Vegas pero en versión ibérica, no, aunque también tuvo algo de eso, si me detengo un instante a pensarlo. Hablemos de rock, de leyendas del rock. AC/DC, o como lo ha bautizado la inventiva popular: AxlDC. La pasada semana los hemos tenido muy cerquita, en Sevilla, única parada española de su gira mundial. Un AC/DC diferente, aunque siempre han sido diferentes, ya que tal vez sea la banda que más ha cambiado de formación. De la original solo permanece el colegial Angus Young, aunque también es cierto que Brian Johnson, tras más de treinta años como vocalista, ya estaba plenamente integrado. Pero, a pesar de su cambiante trayectoria, la diferencia de este concierto con respecto a los anteriores era mucho mayor. Semanas atrás, Brian Johnson anunció que los médicos le habían advertido de la más que probable sordera total si se embarcaba en nueva gira, lo que no me extraña en absoluto, días después sigo sordo. Tras el anuncio se sucedieron los rumores y habladurías, y la suspensión del concierto cobró fuerza, con toda la lógica, así como la de un cantante de "repuesto", que no sentó nada bien en la hinchada del grupo, como también es lógico. Sin embargo, un buen día las redes sociales rugieron porque alguien subió una fotografía de Axl Rose, vocalista y líder de la mítica -en el pasado- Guns and Roses, saliendo del local de ensayo de AC/DC. Blanco y en botella, pensamos y acertamos. Mientras los más acérrimos seguidores de la banda australiana no tardaron en expresar su escepticismo, cuando no su disconformidad, otros entendimos la pirueta como una ocasión casi histórica. Como si Calamaro hubiera sido durante un tiempo el cantante de Gabinete Caligari o Damon Albarn el de Oasis, por buscar algunos ejemplos ilustrativos.
El rumor se confirmó y comenzaron las primeras devoluciones de entradas, al igual que comenzó una avalancha de memes y gracietas respecto al estado físico de Axl Rose. Memes y gracietas que se multiplicaron exponencialmente cuando saltó la noticia de la lesión del cantante, lo que le obligaba a actuar sentado en una especie de trono terapéutico o algo así. Memes, por cierto, algunos muy divertidos. Y eso que Camarón cantaba sentado y nadie ponía el grito en el cielo. Lo cierto es que bastaron dos minutos de actuación para que Axl le diera un zasca a todos aquellos que prácticamente lo habían acusado de robar la hucha en una escuela infantil. Desgarrado y luminoso, a mí particularmente me trasladó al Bon Scott herido de la primera época de la banda, burkarizado tras unas enormes y horrendas gafas de sol, sombrero, cazadora y collares varios, demostrando que por su garganta no habían pasado los años. Entregado a su tarea, como ese juvenil al que le conceden diez minutos en el equipo de sus amores, recorrió el repertorio más legendario de los AC/DC respetando los tiempos, sin acaparar protagonismo, aunque lo consiguió gracias a su voz, y por ofrecer nuevos matices a las canciones. Posteriormente he sabido que fue el propio Axl el que se ofreció a la banda, como yo mismo me ofrecería a subirme un rato al escenario con los Arctic Monkeys o con los mismísimos Stones. Un sueño de fan que se convirtió en realidad. A fin de cuentas, todos tenemos mitos.
A pesar de la polémica, no fueron tantos los que devolvieron sus entradas, a tenor del aspecto que exhibía el estadio de la Cartuja. Un estadio repleto de cuernos y canas por una noche, ya que una vez más el rock demostró que es un concepto sin edad o que abarca todas las edades, ya que entre el público podías encontrar hasta a abuelos acompañados de sus nietos. Una imagen que para mí, particularmente, es muy gratificante, ya que normaliza y naturaliza un hecho que ha tardado en implantarse en la cultura española. Poco a poco, varias décadas después con respecto al mundo anglosajón, en nuestro país entendemos que rock y juventud no es una definición unitaria y excluyente, y que las emociones duran, mientras nosotros queramos que duren, claro. Tal y como demostraron el propio Axl Rose y, sobre todo, el siempre adolescente Angus Young, honrando a su apellido.
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