El Patio de Córdoba con alma de Semana Santa
El cuidador actual del recinto defiende que su diseño "está inspirado por el maestro y en el maestro"
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Córdoba/Gabriel Castillo nunca olvida reseñar a quien le pregunta por su patio, el de San Juan de Palomares 8 que "está inspirado por el maestro y en el maestro". Ese maestro al que Gabriel se refiere era su tío Antonio Castillo Ariza, el prestigioso imaginero y escultor cordobés que talló importantes obras de la Semana Santa. Gabriel relata que su tío fue quien compró la casa casi a mediados de los 80 , y que "fue él quien comenzó a transformarla en lo que es ahora”, insiste sobre la persona a la que la Semana Mayor cordobesa le debe imágenes únicas como las del Cristo de la Agonía, el Señor del Prendimiento o Nuestra Señora del Mayor Dolor.
El escritor y periodista Francisco Solano Márquez detalla en su libro Bodegas Campos, solera de Córdoba que el imaginero y restaurador Antonio Castillo Ariza nació en Córdoba en 1912 y murió la ciudad en 1999. "Se formó en la Escuela de Artes y Oficios con Victoriano Chicote y fue prototipo de artista romántico amante de Córdoba y de sus tradiciones. Sus obras más conocidas están relacionadas con la imaginería semanasantera de estética barroca, como Nuestra Señora del Mayor Dolor (1945) o Jesús en su Prendimiento (1952), que se procesionan en la Semana Santa cordobesa, sin olvidar los tronos de la Virgen de las Angustias (1958) y de Jesús Rescatado (1959)", relata Francisco Solano Márquez.
También explica que para las Ermitas, "donde fue lego en su juventud", realizó la Virgen de Belén (1940) y para Villanueva de Córdoba la Virgen de los Dolores (1944) y el Cristo de la Buena Muerte (1955). Artistas como el imaginero y restaurador Miguel Arjona y otros se formaron en su taller, enclavado primero en la calle Velasco y más tarde en el número 8 de San Juan de Palomares, taller del que se hicieron posteriormente cargo sus sobrinos Antonio y Gabriel.
Gabriel detalla que su tío Antonio “fue quien comenzó a decorar el patio. La fuente, por ejemplo, la diseñó más o menos con pedazos de restos de piletas de agua bendita de las que había en alguna que otra iglesia, colocando en la parte de arriba una moldura romana y encargándole la boca surtidora a un fontanero amigo suyo”. Y añade que “la parte baja es una composición de un remate de una subida de escalera”. No obstante, cuenta que "el maestro" no llegó a ver tal y como está ahora ese elemento característico de San Juan de Palomares 8 que corona un triunfo de San Rafael en relieve.
El patio
San Juan de Palomares, 8 fue casa de vecinos desde el siglo XIX. Gabriel Castillo ha convertido, junto a su mujer, Julia Cordero, el patio en un vergel inspirado por su tío y maestro. Si se le pregunta a Gabriel cuál es uno de los secretos más importantes del recinto, sin duda contestará que su majestuoso pacífico, con ocho metros de altura. Este pequeño museo pavimentado de chino cordobés, de arqueología de galería porticada que, con más de 300 macetas, combina flora con restos romanos y árabes, está presidido por un triunfo de San Rafael ubicado sobre una pila de mármol.
Un singular recinto salpicado de elementos de “todas las culturas que han habitado Córdoba a lo largo de los tiempos”, destaca Gabriel. Puestos a conservar en el recinto trozos de la historia de Córdoba, no falta en el mismo un pozo medieval.
Grandes obras
La salesiana Hermandad del Prendimiento fue fundada el 7 de octubre de 1952, realizando su primera salida procesional en la Semana Santa del año 1954 con 400 nazarenos, en su mayor parte alumnos salesianos, según fuentes de la propia corporación.
Tal y como refleja la propia hermandad en su página web, en un principio el grupo fundacional pensó en adoptar como titular el misterio de la Sagrada Cena, para lo que solicitó presupuesto al prestigioso imaginero sevillano Castillo Lastrucci. La elevada cuantía del importe, unida al conocimiento de que en la iglesia de San Miguel estaba intentando constituirse también una hermandad en torno a la Sagrada Cena (tentativa que no prosperó finalmente) hicieron que se descartara la intención inicial, buscándose un misterio de proporciones menores y que aún faltara en nuestra Semana Santa.
Así se decidió que fuera el misterio del Prendimiento, encomendándose la talla del Señor a Antonio Castillo Ariza. El paso acabaría por ser el de mayores proporciones de la Semana Santa, construyéndolo Rafael Valverde Toscano con maderas donadas por Baldomero Moreno. Las figuras del misterio fueron también realizadas por Castillo Ariza, aunque posteriormente se añadió un sayón realizado por Martínez Cerrillo.
No obstante, la actual imagen de Nuestro Padre Jesús, Divino Salvador, en su Prendimiento, es una obra del artista sevillano Antonio Dubé de Luque, imagen que fue bendecida el 28 de febrero de 1990, año en el que realizó su primera salida procesional.
Guarda en su interior restos de la primitiva talla Antonio Castillo Ariza, realizada en pino de Flandes, que contaba con una estatura de 1,81 metros, de la cual se conserva la cabeza y las manos, y que procesionó hasta 1989 de manera ininterrumpida desde el martes santo 13 de abril del año 1953.
La Hermandad de la Agonía fue fundada en 1979 por un grupo de feligreses de la parroquia de Santa Victoria. La imagen del Santísimo Cristo de la Agonía fue realizada por Antonio Castillo Ariza en 1954 en madera policromada y restaurado en 1992 por Miguel Arjona Navarro.
Es de tamaño algo inferior al natural, al tratarse de una pieza de taller. Se trata de un Cristo crucificado por tres clavos a una cruz de sección arbórea, labrada en 1988 por el tallista cordobés José Carlos Rubio Valverde y rematada con INRI y argénteas cantonera del orfebre Antonio Cuadrado, autor también de las potencias de la imagen.
Presenta una concepción muy dulcificada, con la cabeza elevada hacia la derecha, el gesto implorante y la anatomía resuelta con sencillez, destacando el tórax henchido, la cintura estrecha y las manos taladradas por las palmas.
Los cabellos, ondulados, caen sobre ambos hombros, siendo la corona de espinas superpuesta. El rostro posee los ojos tallados y policromados en la madera, con perfil semítico, barba rizada y labios secos y entreabiertos. Las señales del martirio son poco abundantes y salvo finos hilos de sangre repartidos por todo el cuerpo, se reducen a las contusiones en rodillas y a las llagas de las manos y pies. Singularidad ofrece el paño de pureza, con vuelo en el costado derecho, y fimbrias y cordón policromados en tonos dorados.
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