Taberna Casa Bravo: platos de cuchara entre tradición y modernidad
Tabernas históricas de Córdoba
Fundado en 1919, el establecimiento ha recibido recientemente la distinción de Taberna Histórica
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Córdoba/La Taberna Casa Bravo lleva desde 1919 sirviendo vinos y buena gastronomía de la tierra en el corazón de la Judería. Pero su historia se remonta casi medio siglo antes, pues ya en 1875 era un despacho de vinos en la calle Madera Baja, en el pequeño barrio de San Juan, que décadas más tarde fue reformado en taberna, convirtiéndose a partir de entonces en lugar de reunión de literatos y toreros de la época. Hoy disfruta del distintivo que la acredita como Taberna Histórica -el reconocimiento, inicialmente dado a 12 negocios, ya suma 14-, por amasar recuerdos y guardar entre sus paredes tradición cordobesa.
En aquellos años entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, estos negocios estaban asociados a una bodega. Por eso, este despacho de vinos que estaba situado tras una huerta fue "amueblándose" a partir de 1914 y, ya cinco años más tarde, comenzó a vivir de pleno su transformación; se habilitó el patio, se colocó el cuarto de baño y empezó a funcionar como una taberna, aunque no se separó de su faceta principal: el vino. Un proceso guiado por Francisco Bravo, fundador de la casa a la que da nombre, con el arte en la cocina de su esposa María, que era la encargada de preparar diferentes especialidades a los clientes.
La taberna estuvo en manos de esa gerencia original hasta aproximadamente 1980, pasando de descendiente a descendiente. Ya a comienzos de la década de los 90 cogió el relevo otro Bravo, de otra familia: Andrés Rojano Bravo, padre de Elena Rojano, que junto a Emilio Martínez son los encargados ahora de velar por la historia y el legado de esta casa tan reconocida en Córdoba. Un local que 150 años después de dar sus primeros pasos mantiene parte de aquella esencia, como "todo lo que es el salón, con un zócalo motivo Mezquita de ladrillo de Mensaque que dejaron de fabricar sobre 1940, la carpintería de las ventanas de toda la casa, porque nosotros la compramos entera; y luego, en los interiores, detalles en la barra".
Para que este negocio pudiera optar a ser Taberna Histórica tenía que presentar al Consistorio una serie de documentos que atestiguaran su antigüedad. Una tarea nada sencilla porque "en el Ayuntamiento no había mucha documentación que lo respaldara, estaba oculta. Tuve que ir al registro de la propiedad, desde donde saqué toda la historia de la taberna", relata Elena Rojano, que también aportó a la causa diversos testimonios. "En estos sitios, los primeros que entraron lo hacían a beber vino, a jugar al dominó; la gente se reunía, menos el día que encargaban una comida que la hacía la mujer del tabernero". La única que podía entrar a un lugar exclusivo de hombres, como cuenta Rojano, que recuerda que "había una piquera en la entrada, donde se les servía el vino que necesitaban para guisar en exclusiva", algo que afortunadamente fue cambiando con el paso de los años.
Esa historia, esa tradición, sigue hoy estando presente entre los fogones, en la comida cordobesa de toda la vida que se cocina en Casa Bravo. El rabo de toro, el potaje, las berenjenas con miel o la mazamorra se traducen en todo un éxito para la clientela, que desde sus inicios ha contado con personajes ilustres. Rojano apunta que fuera había una foto del torero Manolete con diferentes amigos, y también acudían los miembros de la Peña de Chiquilín. De los flamencos, "han desfilado todos los de Córdoba: el Pele, el Toto, Navarro Cobo...", y en tiempos más recientes es habitual ver a la actriz Macarena Gómez disfrutando de sus especialidades.
La transformación sigue vigente en Casa Bravo, ahora con el Grupo Ágora, que se encarga de la gestión a pesar de que el negocio sigue perteneciendo a la familia Rojano. "Llegamos a un acuerdo con ellos y son los que regentan, pero estamos de la mano, sobre todo Emilio, que es el encargado". Este último recalca que la esencia de este lugar recae en el buen comer, en "la comida tradicional, el plato cordobés de cuchara de toda la vida, como el potaje. Tiene fama de cuchareo este lugar, aunque no lo parece".
Por su parte, Elena añade que uno de los encantos de la taberna es que "tenemos un menú casero a un precio asequible, que es lo que está buscando alguien que venga de fuera: comer lo que come un cordobés, pero a un precio normal, y eso es lo que encuentran aquí". "Aparte de la carta, tienes un menú diario que es un éxito, porque lo elaboran todos los días en cocina", abunda. Todo eso y mucho más se puede ver en las redes sociales del local, donde comparte diferentes momentos "para darle visibilidad a este pedazo de taberna".
Por todo eso, el cliente en Casa Bravo es diverso, desde cordobeses que llevan toda la vida a ras de su barra y que han sido acompañantes de su transformación hasta turistas, ya que están en plena Judería, en la esquina de la calle Puerta de Almodóvar esquina con Almanzor. "Aquí no hay muchos vecinos. De las pocas personas que quedan, que son todos mayores, muchos vienen aquí, ya que es un punto de encuentro en el barrio, donde también se pueden llevar la comida", señalan los encargados de una tarberna en la que la familiaridad, la cercanía y el trato con los clientes son los platos fuertes que no faltan en el día a día. Una receta asociada siempre al éxito.
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