El corsé está muy ajustado (0-0)

Zaragoza-Córdoba | La crónica

El Córdoba suma su segundo punto de la temporada a domicilio y sigue a cuatro de la permanencia

El miedo a perder frenó al conjunto blanquiverde a la hora de ir a ganar el partido en La Romareda

Javi Galán intenta superar la marca de Delmás.
Javi Galán intenta superar la marca de Delmás. / LOF

Cinco jornadas sin conocer la victoria o dos sin perder, que cada cual se quede con lo que más le guste. Pero más allá de paladares más o menos exigentes, lo único cierto a día de hoy es que el Córdoba necesita dar un impulso a su crecimiento para ponerse en equidad con el resto de equipos que tienen la salvación como único objetivo, pues su desventaja sigue siendo de más de un partido, cuatro puntos. Eso sí, quizás para ello tenga que encontrar la fórmula para arrebatarse de golpe todos los complejos y los miedos que lo atenazan desde que la temporada subió el telón hace ya casi cuatro meses.

Porque de no ser por esos ajustados corsés, el Córdoba hubiera podido salir con el triunfo bajo el brazo de Zaragoza, como semanas atrás pudo hacerlo en Gijón; son los únicos viajes del curso en los que el cuadro blanquiverde ha puntuado, los únicos que cerró sin encajar gol. Sea casualidad o no, quizás sirva para grabar de una vez a fuego dónde está la clave para sobrevivir en esta LaLiga 1|2|3.

Después de tres partidos sin el premio deseado, Curro Torres dio un giro de tuerca a su plan, ya de inicio. Ajustó el sistema con Blati Touré más cerca de Vallejo para dibujar un 4-2-3-1, y salió con Jaime de referencia, apostando por la velocidad y la movilidad ante el poco rendimiento ofrecido por un Erik que ni viajó y Piovaccari, los dos puntas natos del plantel. Enfrente, Lucas Alcaraz también cambió de patrón, volviendo al 4-4-2, con un lateral como Alberto Benito haciendo las veces de interior por la derecha, y Álvaro Vázquez y Marc Gual como opciones ofensivas por delante de una medular en rombo ante la ausencia de Pombo. Valentía, pero con grilletes, nada de locuras en los maños.

Ya fuera por el hecho de jugar en casa o las ganas de cortar su sangría en La Romareda –siete citas sin ganar, que ya son ocho–, el conjunto maño salió lanzado, y a los cuatro minutos ya gozó de su primera gran ocasión, que sería la mejor, tras una pérdida en la salida del balón entre De las Cuevas y Vallejo; Gual la puso y la volea a la carrera de Álvaro se estrelló sin saber cómo en el cuerpo de Abad. El primer susto no despertó de su letargo al CCF, que siguió con sus problemas a la hora de hilvanar las transiciones desde el área propia por la presión alta de los locales. Pero el plan establecido no varió un ápice pese a esa dificultad añadida, lo que invitó a tener cerca el tranquimazin ante lo que pudiera pasar.

Reacción cordobesista tras un mal arranque

Tras una falta lateral de Sebas Moyano, ejecutor de todo el balón parado en su estreno como titular en liga, un disparo lejano de Marc Gual que se fue muy desviado y una contra de Jaime Romero a la que le faltó la guinda del último pase, el Córdoba poco a poco se fue enterando de qué iba la cosa. Con algunos tímidos intentos por subir las líneas, un punto más de intensidad ya le sirvió para menguar el rendimiento zaragocista, para robar más arriba, para intentar alguna salida a la carrera en ventaja.

Pero tras mejorar cerca del área propia, ahora tocaba dar sensación de peligro en la contraria. De las Cuevas lo intentó tras recoger un rechazo a una falta lateral sin hallar el arco de Cristian Álvarez y poco después fue Quintanilla el que probó fortuna con un cabezazo a otra falta lateral. Pobre bagaje para aspirar a algo en un primer periodo que terminó con una contra de Sebas mal definida y un disparo desde la frontal de Raúl Guti que el cuerpo de Vallejo mandó a córner para evitar un susto mayor para su cancerbero.

La batalla entre dos conjuntos perseguidos por sus propias crisis continuó con ese mismo punto de incertidumbre e imprecisión tras el paso por los vestuarios. Ninguno estaba lo suficientemente cómodo para desplegar un juego vistoso, para hacer algo diferente a empujar como buenamente podía sin descuidar lo más mínimo la retaguardia, que es la que guarda el premio. Con todo, el Zaragoza volvió a pisar primero área, aunque fuera con un envío largo que Quintanilla no midió bien para regalar un córner.

Otra vez dominio local al inicio del segundo acto

A partir de ahí, y para seguir más o menos el guion escrito, los blanquillos pasaron a controlar el balón y la situación, con posesiones más largas y con más continuidad en campo contrario. Pero todo con una lentitud alarmante en las transiciones defensa-ataque que facilitaba mucho el trabajo de un Córdoba aventurado a esperar un error y sorprender al contragolpe, aunque su salida no fuera todo lo limpia que requería la contienda para llegar a dibujar algo parecido al temor en su enemigo.

El paso de los minutos, más allá de la propia inquietud del marcador y los pasajes del pasado más reciente, empezó a beneficiar al equipo de Curro Torres. Sobre todo porque el Zaragoza empezó a acusar cierto nerviosismo, algo a lo que ayudó bastante el murmullo constante de una grada descontenta con lo que le están regalando los suyos de agosto hasta ahora. Sebas Moyano pudo aumentar esa sensación si llega a culminar con éxito una contra en la que la cabeza y las piernas fueron a distinta velocidad, terminando sin llegar a armar siquiera la pierna.

Con la idea de cambiar el decorado del choque, Lucas Alcaraz tiró de Pombo, que retrasó su posición habitual para ejercer de vértice más adelantado del rombo de la medular. La respuesta visitante llegó primero con Jovanovic y luego con Andrés Martín, pasando De las Cuevas a jugar en posiciones interiores. Más dinamita, más verticalidad, más juego al espacio. La idea era buena porque el choque empezaba a descoserse, a romperse fruto del cansancio y la responsabilidad.

El CCF llega mejor al tramo decisivo del choque

Un error en la salida del CCF no supo aprovecharlo Álvaro tras un buen pase de Pombo al punto de penalti; la respuesta blanquiverde fue otro último pase fallido de Quim Araujo cuando Jovanovic ya miraba el arco. El conjunto cordobesista llegó mejor al tramo decisivo, pero le faltó creérselo. Con todo, al poco de ver cómo el árbitro le impedía un mano a mano, Andrés Martín se sacó una volea desde la frontal que obligó a la estirada de Cristian Álvarez, en la ocasión más clara del Córdoba en todo el partido.

Eso sí, no fue la última, pues un cabezazo de Aythami y, sobre todo, una volea a la carrera que Blati Touré no supo llevar al arco supusieron los últimos intentos visitantes por quebrar una crisis, global y de visitante, que lo mantiene en la penúltima posición, a los mismos cuatro puntos del objetivo. Ese déficit quizás diga que el botín fue escaso, pero teniendo enfrente a un rival directo, toca verlo como algo valioso.

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