Manuel Marín pregona una vida en íntima comunión con la bandera de la Virgen de Luna

Los Pedroches

En su discurso, el que fuera durante 30 años alférez abanderado ha hecho un recorrido por la historia de la cofradía y por su biografía

Los bailes tradicionales y la despedida del carro de la comida de la Virgen de Luna en Pozoblanco, en imágenes

Manuel Marín Domínguez, durante el Pregón de la Virgen de Luna 2025.
Manuel Marín Domínguez, durante el Pregón de la Virgen de Luna 2025. / Sánchez Ruiz

Pozoblanco/El Pregón de la Virgen de Luna es uno de los momentos más esperados, previos a la celebración de la Romería de Traída, uno de los días más señalados en el calendario de Pozoblanco. Un pregón que en este especial 2025, por ser el año en el que la Virgen será coronada canónicamente, ha estado a cargo de Manuel Marín Domínguez, quien fuera durante los últimos 30 años alférez abanderado de la cofradía. Esa imagen que queda en el ideario colectivo, la de las manos sosteniendo la bandera, fue el detalle que se le regaló tras su pregón.

Y precisamente fueron esos 30 años de comunión íntima con la bandera de la Virgen de Luna, una labor que llevó con orgullo y humildad, los que centraron sus palabras para anunciar la venida de la imagen a Pozoblanco. Manuel Marín, cofrade desde hace 43 años, quiso compartir públicamente sus memorias más íntimas y familiares que le llevaron a tomar la “mayor y mejor decisión” de su vida, ser hermano de la Virgen de Luna.

Cumpliendo así la promesa de su madre hecha días antes de su nacimiento, y que se materializó como una especie de traspaso de devoción ante un padre enfermo. Pero más allá de esa intrahistoria familiar, Manuel Marín recordó algunos nombres propios que marcaron la historia de la cofradía, como fue el sargento Rafael Sánchez Roig y Felipe Sánchez Urbano, con quienes compartió durante años la labor de propaganda de la cofradía y que tanto le enseñaron.

Su labor en esta comisión de propaganda le ha permitido a Manuel Marín conocer de primera mano el archivo histórico de la cofradía, especialmente desde su reaparición tras la Guerra Civil, de la que se conservan las cartas de ingreso de los hermanos que la refundaron, “entre las que se encontraba la de mi padre, con tan solo 19 años”. Y a partir de ese momento, el pregonero hizo un repaso por cada década, desgranando los aciertos y devenires de esos años, pero también lanzando un “perdón público” por haber tardado tanto en abrir las puertas a la incorporación de la mujer a engrosar las listas de hermanos cofrades de la Virgen de Luna, “por el miedo a perder nuestra identidad” y que en ningún caso ha sucedido.

Escultura entregada al pregonero, Manuel Marín, con unas manos agarrando la bandera de la Virgen de Luna.
Escultura entregada al pregonero, Manuel Marín, con unas manos agarrando la bandera de la Virgen de Luna. / Sánchez Ruiz

En los recuerdos que Manuel Marín compartió estaban el nombramiento en los años 60 de la Virgen de Luna como Alcaldesa Perpetua, el nacimiento del Boletín de la Cofradía que este año cumple sus 50 años ininterrumpidos de publicación, el atrevimiento de contactar con la NASA en su primer viaja a la Luna, la celebración del primer pregón en 1988, el permiso del Obispado de Córdoba para hacer uso de la Casa de Hermandad en el santuario de La Jara, la declaración de la romería como Fiesta de Interés Turístico de Andalucía o la adaptación de los estatutos a los nuevos tiempos. Pero, sin duda, uno de los momentos “más hermosos y gratificantes a la par que complicado” fue el traslado de la imagen de la Virgen de Luna en febrero de 2021, en plena pandemia mundial por el Covid, que obligó a tomar la decisión de un traslado íntimo con solo tres cofrades de testigos, para continuar con la tradición de devolver a Pozoblanco su Virgen de Luna.

Además de esos recuerdos colectivos de la historia de la cofradía, Manuel Marín narró sus momentos más íntimos compartidos con el emblema de la Virgen de Luna, su bandera, la que atesoró durante 30 años en su hogar, compartiendo su cuidado y devoción con sus hijos y esposa, en quienes pensaba en cada levantamiento hacia el cielo lo más alto que sus brazos alcanzaran tras los 1.380 revoloteos que ha podido realizar en los 30 años como alférez abanderado.

Y en esa íntima comunión con la bandera, que volvió a tener a su lado durante el pregón, Manuel Marín compartió la carta personal que el actual abanderado deslizó entre sus pliegues en el momento de prestar la bandera al que fuera su hogar en estos años, para dar gracias por sus cuidados y por compartir tantos momentos con él, siendo fiel a su significado y recordando a cada cofrade que ya no está en ella.

El pregón de Manuel Marín, un acto solemne para ensalzar la devoción compartida entre Pozoblanco y Villanueva, tuvo un guiño, con toques de diversión, a esa parte histórica en la representación teatral del grupo de teatro Los Mejías, que volvieron al escenario para recordar su obra Jarotito y Taruguita. Las palabras del pregonero también estuvieron acompañadas por la lectura de varios poemas de Patricio Cruz dedicados a la Virgen de Luna.

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