El marqués de Santillana vuelve a la Finojosa para enamorar a la vaquera

Los Pedroches

Más de 250 vecinos del municipio vallesano ponen estos días en escena la obra de teatro popular firmada por Francisco Benítez situada en el siglo XV

La vaquera y el marqués, en un momento de la obra.
La vaquera y el marqués, en un momento de la obra. / Sánchez Ruiz

Bajo un cielo de Reserva Starlight y con la Catedral de la Sierra como escenario emblemático de Hinojosa del Duque, se sucede la popular obra teatral La Vaquera de la Finojosa, de Francisco Benítez. Una serranilla del marqués de Santillana, en la que alababa las virtudes de aquella “moza tan fermosa non vi en la frontera / como la vaquera de la Finojosa”, es el eje fundamental sobre el que se basa una representación en la que se recrea la vida popular de la villa hinojoseña durante el siglo XV, subiendo al escenario no solo aquella breve historia poetizada, sino también lo más identitario de la cultura, arquitectura, gastronomía y folclore de la villa.

El estreno este jueves de la octava edición de La Vaquera de la FinojosaLa Vaquera de la Finojosa ha contado con cifras vertiginosas si se comparan con aquella primera cita en 1998: la implicación de más de 200 actores no profesionales, la intervención de un séquito de más de 20 caballos y sus jinetes, y la ambientación de un pasado donde se vivía del campo y el ganado, algo que cobra protagonismo con el paso de un rebaño de ovejas y vacas, acompañados por sus pastores y vaqueros.

Todos frente a un graderío con capacidad para 1.800 personas que podrán disfrutar de los pases que se representarán este año para volver a dar vida a su obra teatral más emblemática. El estreno de este jueves es el primero de los pases que se repetirán hasta el domingo, todos a partir de las 22:30 en la plaza de la Catedral de Hinojosa del Duque.

Bajo la dirección de Pedro Calvo Díaz, y la dirección y composición musical de Miguel Cerro, esta edición presenta algunas escenas novedosas respecto a las anteriores, recuperando así el espíritu del texto originario de Francisco Benítez, pero dotándolo con tintes de modernidad que hacen más vistosos y plásticos algunos pasajes de la obra. Algo que ocurre especialmente en aquel en el que el maestro de obra, representado por José Manuel Murillo, sueña la hoy Catedral de la Sierra y la representa en un bosquejo, trasmitiendo sus ideales a una vaquera “no enseñada” que admira y anima esa construcción para la devoción mariana a la Virgen de la Antigua.

Así, la historia viva del presente de Hinojosa del Duque se intercala con el pasado de la Villa de la Finojosa, donde el costumbrismo y el ambiente bucólico se apoya en los videomappings que se proyectan sobre los muros de la Catedral de la Sierra, dando más espectacularidad, si cabe, a algunas de las escenas principales de la obra popular.

Uno de los pasajes recuperados del texto original es la de las murmuradas, donde las mujeres salen a hacer sus labores a la calle escuchando las maledicencias de Malicia sobre los rumores entre el marqués de Santillana y la vaquera, una escena en la que destaca la interpretación de Teodora Murillo con un vestuario magistral de Francisco Tamaral. Más sublime resulta esta escena gracias a la música de la Tuna Cultural Hinojoseña y la interpretación de las piezas con letra y música de Miguel Cerro.

El elenco de la representación, ante la Catedral de la Sierra.
El elenco de la representación, ante la Catedral de la Sierra. / Sánchez Ruiz

La obra teatral popular de La Vaquera de la Finojosa está concebida como un recurso de metateatro, en el que una obra teatral da lugar a otra representación popular. La llegada de la reina a la Villa de la Finojosa coincide con la víspera de la representación teatral que el pueblo recrea para volver a revivir el paso del marqués de Santillana por su villa y el enamoramiento que sufre por la vaquera de la Finojosa, quien rechaza sus requiebros, pero acepta la amistad y las palabras animosas de un enamoradizo marqués. Los principales de la villa y el cortejo de la reina son el público primero de este teatro popular, que quedan en un segundo plano para dejar al resto del público la representación principal.

Y así, da lugar a la llegada del marqués a la villa, en la que se prenda de la vaquera, obligando a su mayordomo a buscarla entre las gentes para pedir sus favores, con escenas costumbristas propias del teatro del Siglo de Oro que arrancan las risas de los presentes a través de las palabras soeces de sus protagonistas.

Entre escena y escena, las mozas y mozos de la villa bailan y amenizan la obra, con un vestuario colorista y artesanal, obra de los talleres de Francisco Tamaral, quien en una edición más viste a los protagonistas con su aguja. Precisamente el vestuario de la vaquera, representada por Mónica González, es elogiado por el marqués de Santillana, encarnado por el actual alcalde de Hinojosa, Matías González.

Vaquera y marqués pasan por las escenas sin encontrarse hasta el final de la obra, aunque su original encuentro es contado por el propio marqués a su mayordomo, y lo propio hace la vaquera con sus padres, quienes están preocupados por su honra. Precisamente, la actitud de la vaquera sorprende a todos, pues alejada del obligado cumplimiento debido a sus padres que le buscan un hombre para sus esponsales, es ella la que deja claro que solo dará su honra a quien ella quiera y elija. Un toque de feminismo y libertad en una obra cargada de tópicos patriarcales propios de una época pasada, donde las mozas son elegidas por los mozos para iniciar un noviazgo.

La música de la Banda de Música de Hinojosa del Duque, la letra de las canciones populares creadas para esta obra teatral por Miguel Cerro e interpretadas por la Tuna Cultural Hinojoseña y las coreografías a cargo de Manoli Chaves, dan luz, vistosidad y plasticidad a una obra recreada a distintas alturas, pero siempre con la Catedral de la Sierra como escenario mágico principal.

El acompañamiento musical de la obra.
El acompañamiento musical de la obra. / Sánchez Ruiz

Sucede casi al final el encuentro personal entre protagonistas, entre el marqués y la vaquera, donde se resuelve el conflicto de la obra, el enamoramiento no correspondido, pero la gratitud de la vaquera por las palabras plasmadas en su famosa serranilla, recitada a la par por ambos protagonistas en escenarios dispares, uniendo sus voces para elogiar así esas palabras que son el germen de una obra teatral popular convertida en referente cultural.

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