Así es el poblado íbero de Sierra Boyera en Córdoba, el yacimiento que aparece y desaparece con el pantano

Alto Guadiato

Los distintos trabajos arqueológicos concluyen que el oppidum estuvo habitado entre los siglos VI y II antes de Cristo

La existencia de un horno de tradición púnico-fenicia y la recuperación de siete kilos de escorias evidencian una actividad productiva metalúrgica

El poblado íbero de Sierra Boyera, en Belmez (Córdoba).
El poblado íbero de Sierra Boyera, en Belmez (Córdoba). / Imagen Extraída De La Investigación.

La comarca cordobesa del Alto Guadiato ha sido hasta época reciente un lugar ligado a la minería y la metalurgia. El Pozo María, el último con actividad en la comarca, cerró en 2005 y dio por perdida una práctica que, en realidad, es mucho anterior a lo que pudiera pensarse. Y es que las excavaciones llevadas a cabo en el oppidum o poblado íbero de Sierra Boyera -en el término municipal de Belmez- han atestiguado restos de una elemental actividad extractiva ya desde el siglo VI antes de Cristo, según los resultados de las investigaciones dados a conocer por el grupo de historiadores que en el año 2020 intervino en el yacimiento liderados por la arqueóloga Araceli Cristo.

El oppidum de Sierra Boyera "representa un hito" en la investigación de la Protohistoria en el Norte de Córdoba y del conjunto de Andalucía y está sirviendo para arrojar luz sobre el periodo de transición entre la Prehistoria y la Historia Antigua, pues se podría considerar "la primera excavación" con técnicas modernas de este periodo que se ha efectuado en la región. Y ello con la particularidad de un yacimiento que está a merced de las aguas del pantano de Sierra Boyera: aflora en periodos de sequía y queda sumergido en época de abundancia de lluvia.

Su posición estratégica, en una de las vías de comunicación naturales principales del valle del Guadalquivir con la Meseta castellana, lleva a pensar que el vacío arqueológico de la zona, que ya empieza a corregirse, "se debe más a la carencia de investigación que a las posibilidades reales que puede ofrecer en el conocimiento de las sociedades pretéritas allí situadas". De hecho, esta región está llamada a ser una de las principales rutas de intercambios comerciales y culturales entre el Guadalquivir y el Guadiana hasta el siglo II antes de Cristo, y lo será más tarde durante el periodo romano, ya que por aquí pasa la vía que unía las ciudades de Corduba y Emerita Augusta.

Los trabajos arqueológicos en el oppidum de Sierra Boyera, fechado entre los siglos VI a II antes de Cristo, se inician con una primera intervención en el invierno de 2017 y continúan en febrero de 2018, cuando se documentan los artefactos en superficie de la zona Noroeste del yacimiento. En 2019 se decide abrir otro sondeo, pero esta vez en la zona Sureste, y en enero de 2020 se retoman los trabajos sobre sectores que corrían el riesgo de perderse para siempre por la acción erosiva de las subidas y bajadas de las aguas del embalse.

Horno de tradición púnico-fenicia en Sierra Boyera.
Horno de tradición púnico-fenicia en Sierra Boyera. / Extraída de la investigación

¿Y qué se ha llegado a conocer como resultado de estas incursiones? Entre todas las zonas constructivas documentadas, algunas de ellas a base de piedras de pequeño tamaño y otras con muros de tierra compactada, los arqueólogos destacan una estancia donde hallaron un molino rotatorio de encaje en una peana que apareció decorada por piedras, una de ellas con un motivo zoomorfo y la otra por líneas geométricas. También se ha desenterrado un "posible" horno de pan con un diámetro de unos tres metros, muy similar a los encontrados en los yacimientos del Chaparral, en Badajoz.

Y, quizás lo más representativo por la comarca donde se ubica, un horno dedicado a "algún tipo de producción metalúrgica". Se trata de una estructura de adobe de forma circular irregular de dos metros de diámetro, que en su centro contaba con un pilar central siguiendo la tradición púnico-fenicia y en cuyo interior se han recuperado hasta siete kilos de escorias metalúrgicas y adobes escorificados. Los investigadores lo describen como una "masa compacta gris", formada principalmente por cenizas apelmazadas y algunos fallos de cocción. Se encuentra aún en fase de estudio debido a su complejidad, pero los investigadores se aventuran a decir que esto evidencia que hubo "algún tipo de producción metalúrgica".

Los resultados obtenidos llevan a los arqueólogos a confirmar que el asentamiento estuvo habitado al menos desde los siglos VI-V al II antes de Cristo. Por otro lado, la documentación de estructuras productivas, como hornos de diferentes usos, indicios de manufactura metalúrgica, así como molinos rotatorios o barquiformes, permiten concluir que dentro del poblado existió una zona de manufactura claramente delimitada. "No debemos olvidar toda la producción minera y metalúrgica de la zona, que parecen ser los factores que articulan el paisaje de toda esta región desde el Calcolítico hasta la llegada de Roma", reflexionan los investigadores, que también apuntan a la vega que ahora se esconde bajo las aguas del pantano. Fue "el pan del pueblo", concluyen.

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