"Después de vivir el terremoto de Japón me siento más humano que nunca"

El seísmo del 11 de marzo sorprendió al científico andaluz en Sendai, la ciudad más próxima al epicentro · Fue a participar en un experimento de cristalografía y recibió la más potente lección de geología de su vida.

Juan Manuel García Ruiz, durante su estancia en Sendai.
Juan Manuel García Ruiz, durante su estancia en Sendai.
Alejandro V. García / Granada

11 de abril 2011 - 05:01

Los familiares y amigos del investigador del laboratorio de Cristalografía de Granada, José Manuel García Ruiz (Sevilla, 1953) recibieron la mañana del 11 de marzo un correo titulado sintéticamente Estoy bien. ¿Bien? ¿Por qué? ¿Qué ha pasado? Y seguía: "Creo que todos están bien. La ciudad ha aguantado un [terremoto de] 7,9 generado a 10 kilómetros de profundidad y a unos 15 kilómetros de aquí. Más de dos minutos, casi tres. Tremendo". El científico llevaba unas semanas en Sendai participando en experimentos con sus colegas japoneses. El terremoto en realidad fue de 8,9 grados y García Ruiz, sin proponérselo, vivió la experiencia geológica más intensa de su vida.

-¿Cual fue la sensación principal que le produjo el gran terremoto de Japón?

-Ahora sé que un terremoto de intensidad 8,9 es como si te meciera en la cuna una madre que se vuelve loca.

-¿Temió por su vida?

-Durante los primeros 15 ó 20 segundos sí, temí por mi vida y por todo. Después me serené e incluso lo disfruté pero cuando parecía interminable, recuerdo temer que se abriera la tierra.

-Durante esos dos terribles minutos ¿fue consciente de lo que estaba ocurriendo?

-Sí. Era el terremoto que se estaba esperando. Llevábamos varios días sintiendo terremotos de pequeña y mediana intensidad. Un amigo desde España me escribió: "A ver si te toca el grande". Ojalá, le contesté yo. Y me tocó. Vaya si me tocó.

-¿Y qué lecciones morales extrajo de la experiencia?

-Que para sobrevivir en este planeta, donde se ponga la ciencia y la tecnología que se quiten los curas y curanderos.

-¿Fue consciente de estar viviendo un accidente natural extraordinario, de poder perecer por un, digamos, capricho geológico?

-Duró tanto que me dio tiempo a pensar muchas cosas. Miraba los dos edificios de las facultades, a mi izquierda uno de seis plantas y a la derecha uno de 12 plantas. Los veía temblar y me decía: "No van a aguantar esto". Pero pasaba el tiempo y allí estaban. Cuando a los pocos minutos supimos por los móviles que el epicentro estaba en el mar y tan cerca de Sendai pensé en el desastre que se avecinaba en la costa. Y pensé en que no volvería a ver a mi mujer, a mi hija y a mis hermanos.

-¿Se siente ahora más vulnerable que antes?

Me siento más humano. Y más ciudadano que nunca.

-Hábleme de Sendai. De cómo la ciudad antes y después del terremoto.

-La ciudad gira alrededor de la estación de ferrocarril, que fue el edificio más dañado (de hecho aún no se puede usar). De ella parten calles salpicadas de centros comerciales, calles porticadas por las que los domingos pasean y compran los ciudadanos. Avenidas con grandes zelkovas plantadas tras la segunda guerra mundial que engalanan en diciembre en un festival que ya es famoso en Japón. Todo, incluido la Mediateca, un edificio arquitectónicamente excepcional concebido por el arquitecto Toyo Ito, todo estaba casi intacto. Todo excepto la parte baja de la ciudad, que se extendía plácidamente hacia el Pacífico y que fue devastada, esa es la palabra exacta, devastada por una ola que tardó cuatro minutos y pocos segundos en traer la muerte.

-Cuénteme de los japoneses. ¿Se puede curtir o sosegar el carácter a base de terremotos?

-Curiosamente es un pueblo con un gran apego a la naturaleza a pesar de ser tan castigado por ella. Pero como dicen ellos, no se van a dejar derrotar por una catástrofe natural. Es un pueblo magnífico, con un comportamiento cívico ejemplar. En los días posteriores a la catástrofe, a pesar de las precariedades, me sorprendía bajando a la calle contento. Después entendí que era porque bajaba a ver un espectáculo. Todo era tan diferente, tan inimaginable para mí presenciar aquel comportamiento de ayuda mutua, de compromiso cívico... Han entendido que el bien de todos es más importante que el bien de cada uno y eso es sin duda una postura muy inteligente, muy avanzada. Y muy difícil de conseguir porque es una postura que o es colectiva o no funciona. Gente muy trabajadora, muy dura, y al contrario de lo que se piensa, gente extraordinariamente sensible.

-Primero el terremoto, luego el tsunami y como remate el escape nuclear. ¿Cuál de esos jinetes representa mejor el apocalipsis?

-Al primero lo hemos vencido. Al segundo estamos a punto de vencerlo. Pero el jinete que no es natural, ese que hemos creado nosotros mismos, la contaminación radiactiva, ese es un fantasma que estará acechando por mucho tiempo si no ponemos remedio.

-Como científico ¿hay que desmontar las centrales nucleares?

-Hace tiempo había escrito en mi cuaderno de notas seis razones contra el uso de la energía nuclear. Ahora tengo escritas siete.

-¿Volverá a Sendai?

Sin duda. Tenemos unos proyectos conjuntos de investigación que vamos a llevar adelante. El día antes del terremoto estábamos allí discutiendo el borrador de un convenio de cooperación y de intercambio de estudiantes entre la Universidad de Tohoku y la Universidad de Granada. Ahora tanto el rector de nuestra Universidad como yo estamos poniendo aún más empeño si cabe.

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